Llorar amando

Para saber amar, con amar no basta. No se puede adquirir suficiente experiencia en mil años de vida amando, para atribuirse la habilidad de amar, porque no es solo una capacidad, amar es una habilidad. Es la habilidad de sacrificarse, pero también limitarse, la habilidad para entender, pero también de expresarse. Hay que tener la habilidad para mirar dentro de unos ojos envenenados y poder leer la mentira y a la vez aceptar la verdad, porque cuando se ama hay que prepararse para dejar tu alma salir volando y posiblemente no volverla a ver. Hay que aprender a amar, pero cómo es posible, cuando es imposible siquiera definir el verbo, cuanto más el sentimiento. Porque si todo se ha escrito del amor, realmente nada se ha dicho, ya que cada quien lo experimenta a su manera, y lo sufre igual. Yo también he amado, y también he sufrido, y no importa la razón, o cuál sea la situación, no importa cuál sea el principio, el final es el mismo, lágrimas en la mejilla como las que caen del cielo. No he aprendido a amar, no se limitarme, ni se expresarme, doy todo lo que tengo y lo que soy, pero no me doy a entender, no exijo lo que me corresponde, me trago las mentiras, como si todas las palabras que salen de unos labios tiernos fueran verdades, esos labios tan venenosos como los ojos, persuaden mi razón y nublan mi conocimiento adquirido, sabotean mis sentidos y la poca inteligencia que me queda, repito que doy todo lo que soy y lo que tengo, y no recibo ni las gracias por compartir mi tiempo. al final las palabras son solo palabras, y podemos escuchar todo lo que escuchamos y lo que no escuchamos, pero siempre volvemos a caer, y siempre volvemos a enamorarnos, que contradicción, enamorarnos sin saber amar.

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