Qué dicha!

No planeé conocerte
ni es mi plan olvidarte.
No pensé en encontrarte
ni mi intención conquistarte.

Mas qué dicha la mía
que mis letras leyeras,
que mis palabras cayeran
donde tus ojos les vieran.

Y retozar en tu boca
mi lengua pedía,
explorar en tus labios
lo que tú no decías.

Yo tan solo buscaba
proveerle caricias
a tu cuerpo desnudo
y a tu cara sonrisas.

Mas qué dicha la mía
haberte encontrado
y sonreír cada día
al despertar a tu lado.

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