Y así quedamos los dos, perpetuos.
Yo mirando su imponente sonrisa,
Esa que cuando estira los labios
A los extremos de su boca carmín
Domestica hasta el más indómito mastín
Ella que no desdoblaba ni sonrisa ni mirada
Con unos ojos brujos, coquetos, que intimidaba
Y comprendí la relatividad de mi suerte
que aunque me jacte de victorioso
ella tiene más razón muchas más veces
Porque el tiempo en su paradoja
continuaba detenido entre las copas
Y así disfrutamos de esa compañía pasajera
Porque la vida es una sola, y no paga la espera
Ella despreocupada disfrutando el ahora
Sin pensar en mañana que todavía no es hora
Yo mirando esa boca conteniendo las olas
De ganas dementes, las ganas cabronas
De probarle los labios cada vez que se ríe
Y si me nace deseo es porque el cuerpo la pide
Entonces recuerdo cada vez que le admiro
Que por las musas no mueres
Por las musas yo vivo