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Palabas sin rostro

Podemos pretender no conocernos?

Siendo honesto, es más difícil ser honesto

Me gusta utilizarte, pensarte y escribirte

Y no es algo que hago con facilidad,

Pero sale mejor, más natural al pensar en ti

Tal vez por el carmín en tus labios

O por la ternura que te pinta el negro

O como va desdibujando tu sonrisa

Al acercarse a donde muere tu boca

Formulando preguntas sin respuestas

Preguntas que mejor no conocerlas

Entonces que más da que me pongas nombre

O que a lo que lees le pongas rostro

Si las palabras ni las letras tienen identidad

Pero al leerles te sacan un suspiro

Que enmudece en tu boca

Y se queda anónimo contigo

Que eso es todo lo que pido

Aunque al suspirar no estés conmigo

En un ahora

Y así quedamos los dos, perpetuos. 

Yo mirando su imponente sonrisa,

Esa que cuando estira los labios

A los extremos de su boca carmín

Domestica hasta el más indómito mastín

Ella que no desdoblaba ni sonrisa ni mirada

Con unos ojos brujos, coquetos, que intimidaba
Y comprendí la relatividad de mi suerte

que aunque me jacte de victorioso

ella tiene más razón muchas más veces

Porque el tiempo en su paradoja

continuaba detenido entre las copas

Y así disfrutamos de esa compañía pasajera

Porque la vida es una sola, y no paga la espera
Ella despreocupada disfrutando el ahora

Sin pensar en mañana que todavía no es hora

Yo mirando esa boca conteniendo las olas

De ganas dementes, las ganas cabronas

De probarle los labios cada vez que se ríe

Y si me nace deseo es porque el cuerpo la pide

Entonces recuerdo cada vez que le admiro

Que por las musas no mueres

Por las musas yo vivo

Para bien o para mal

Tal vez es casualidad, que hasta el momento me había mantenido ajeno a la experiencia,
mas la experiencia que me brindaste ha desatado cierta ansiedad en mí.
El quedarme encantado en tus ojos que me miraban con calidez y confianza,
el roce con tu piel firme y suave, como seda que el tiempo no ha sabido tocar
y la sensualidad que emanaba tu cuerpo a través de tu cintura,
todo pasa desapercibido cada vez que palpabas con tus labios
palabras que me hacían adicto a tus conversaciones.
Admito que me quema la curiosidad por conocerte un poco más,
aprender de ti en una noche lo que me ha cohibido esta vida
y que en mis recovecos descubras lo que de mí ni yo mismo sabía.
Pero el hechizo de tus labios y sus palabras me brindan el placer para mantenerme atento,
aunque sienta que caigo tentado tanto a probarlos como a escucharlos.
Quisiera poder colacionar los momentos en que tu me buscabas en otra vida
o en otros tiempos con los momentos que te busqué.
Tal vez no es tarde para probar, para bien o para mal.