Sobre el vapor de unas tazas de café
Mis dedos encontraron tus dedos
Y se acariciaron, con empatía,
Como si fuera cotidiano, aunque temblaban.
La vibración de mis manos alcazaba mi voz
Y en más de una ocasión,
Fue difícil mencionar palabra alguna,
Hasta que enmudecieron mis labios.
Mi mano recostada sobre la mesa
Ya coqueteaba con la tuya,
nuestros ojos hipnotizados, fijos entre si.
Se acabaron las excusas para disimular
Aunque no había necesidad para ello.
El deseo era tan obvio, tan mutuo
Con una mirada firme accedimos
Y en silencio partimos de la mesa,
Partimos del frecuentado café,
Partimos de las miradas ajenas,
Partimos de la realidad agobiante,
Partimos del mundo,
Hasta encontramos el uno en el otro
Para ahogarnos en un mar de besos.
Desde la primera estrofa fui el protagonista.
Pues has vivido una grata experiencia. Un abrazo.