Como cuando alcanzas las páginas de respeto al final de un buen libro,
o empiezan a rodar los créditos del último capítulo de tu serie favorita,
nace un sentimiento de incertidumbre en el centro de las entrañas,
llenando el resto de tí con dulce ansiedad.
Así como cuando solté tu mano por última vez
y me quedé buscando un poco más,
observando tu pelo volar hacia mi nada,
yo queriendo seguir tras de él…
Las razones que me halaban de la razón intensificaban las ganas por conocer la historia que nunca se escribiría,
las ganas por darle la oportunidad a la fantasía
y suspender la realidad un rato más.
La vida que pasó y nunca pasará,
que llenaba el resto de mí
con amarga ansiedad.