Desde el espejo

Hoy voy a hacer que te mires desde mis ojos, quiero que te veas como ellos te ven…

Bajo la luz que mengua con tu blusa sobre la lámpara, me propongo a desabrochar cada una de tus ganas.

Invitarte a sentir hasta el más mínimo detalle, desde las caricias que aplica mi respiración en tu cuello, hasta las que regala la alfombra entre tus pies.

Mis dedos impacientes por usurparte, comienzan por soltarte los pantalones sin que mis labios suelten tu boca.
El botón sale del ojal con las mismas ganas que tu ropa cae sobre mis pies…
A sumar con la mía.

Tu cuerpo casi liberado se atrae al calor que me provocas, donde se hacen homogéneas tu piel y la mía.

Tus brazos tirados sobre mi espalda se aferran ansiosos al momento.

Nuestras bocas mudas solo expresan chasquidos de las exponenciales ganas que colisionan al chuparnos los labios, tu lengua colonizadora redescubre cada recoveco de mis mejillas y yo no quiero soltarte ni para respirar.

Quiero comerte a pedazos y tu boca es el aperitivo.

En tus ojos puedo ver el deseo que les habita y toda tu intención por expresarlo.
En tus pechos noto la excitación palpable que erecta entre mis dedos y tu cintura se aprieta contra la que ha materializado en mí.

“Date la vuelta”, suspiro en tu oído mientras te volteo de las caderas sin oportunidad a reclamar, y ahí nos encontramos nuevamente los cuatro mirándonos al espejo;
Tú, yo, tu reflejo y el mío.

Cada pedacito de ti es una delicia,
Cada pedacito que ves ahí.
Te dice el espejo.

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